Desde que era un adolescente quería conocer la verdadera historia de El Mago de Oz y no sólo quedarme con la versión de la estupenda película. Aunque siempre pasaba algo para no poder conseguir el libro: o se había dejado de editar la versión completa (una vez sólo encontré una versión resumida para "niños", lo cual creo es una tontería), o se me atravesaban otras lecturas o simplemente se me olvidaba y dejaba de interesarme durante grandes periodos. En 2003, la editorial Norma publicó los cuatros primeros tomos de la saga, pero no tenía dinero ni para comprar el primero ;_; Hasta que, por fin, pude conseguir una versión completa y con las imágenes de la publicación original, se la compré a Filadelfo en la escuela de la SOGEM antes de que terminara el diplomado, en el 2006. Pero incluso así lo dejé olvidado en mi librero por leer otras cosas.Hace poco, terminé una obra de teatro, y mientras la escribía me di cuenta de que los personajes tenía parecido con los de Oz, aunque para nada eran amigos; y por eso ahora sí me puse a leer la novela de Frank Baum. Y la verdad la disfruté. Claro que, si tomamos en cuenta la manera actual de escribir narrativa para niños, y si nos pusiéramos de criticones como pasa en todos lo talleres, podríamos encontrarle alguno que otro error. Por ejemplo, si el Leñador de Hojalata se puso a llorar cuando pisó accidentalmente a un escarabajo y procuraba no pisar a las hormiguitas para no matarlas, por qué le cortó el cuello a un lince que perseguía a un ratón sin ningún problema ni remordimiento. Además podría parecernos un poquito ingenua. Pero eso es lo de menos.
Me gustó saber que las zapatillas de Dorotea eran plateadas y no de color rubí, como lo muestra la película. O que el Gran Oz se apareción no sólo con la apariencia de una cabeza gigante, sino con otras tres apariencias más. Y que la historia no termina cuando Oz se va volando en el globo. Aunque lo que más me gustó, y lo que da título a este gran post, es lo siguiente.
A pesar de descubrir que Oz no es más que un farsante y tan sólo un hombre que llegó por accidente a esa tierra (como diría Oz, soy un hombre buenísimo, pero pésimo mago), aun así le siguen pidiendo que les dé lo que más desean. El espantapájaros dice: "Eso quizá sea cierto, pero seré muy desgraciado si no me das sesos". Y en esto -según yo- radica la verdadera magia: querer creer. Por eso todos creían que de verdad él era un mago. Incluso Oz se dice a sí mismo -y esta es mi parte favorita de la novela-: "¿Cómo puedo evitar ser un farsante, cuando toda esa gente me obliga a hacer cosas que cualquiera sabe que no se pueden hacer?"
Y esta es la gran magia del Gran Oz, el Gran Farsante.
Después de todo esto, no me resta más que decirles que sigan creyendo y que sigan el símbolo amarillo del Gran Arkham.







