asilo, asilo

asilo, asilo
ESCRIBO POR VENGANZA. ESCRIBO PARA LIBERARME. ESCRIBO PARA DESECHAR TODO LO QUE ME HACE DAÑO. ESCRIBO PARA PENSAR QUE SOY OTRA PERSONA. ESCRIBO POR AMOR. ESCRIBO PARA SOPORTAR LA VIDA.

El verdadero Ace

El verdadero Ace
Un día, las hadas, malévolas y traviesas, hicieron una apuesta con los hombres. Dijeron que si lograban crear historias mejores que la vida de ellas, se transformarían en horribles insectos; de lo contrario, ellos desaparecerían de la faz de la Tierra.

Hoy en día, los hombres siguen deambulando por las calles; mientras en los bosques, millones de mariposas revolotean entre los árboles.

Las hadas cumplieron a medias.


Mario Ramírez Monroy


domingo, 3 de febrero de 2008

Un viejo relato desempolvado


Este trabajo lo hice para la clase de Estilo, en la SOGEM. Lo acabo de reencontrar. Ojalá les guste.

CLAP, CLAP, CLAP

Una fuerte lluvia azotaba los cristales del parabrisas. Sumada a la noche, la visibilidad era más que deficiente. Sin embargo, el conductor mantenía con fuerza el pie en el acelerador, haciendo que el trailer circulara por la resbalosa carretera, con peligro de volcarse en cada curva.

Tengo que aguantar, ya no falta mucho. Espero poder soportar todo esto sin volverme loco. Juro que jamás volveré a burlarme de nadie. “Clap, clap, clap” ¡Dios! De haber sabido, nunca hubiera aceptado este maldito trabajo. Aguanta: sólo faltan tres curvas más. “Clap, clap, clap.” Sólo tres curvas más. Por favor, cállate.

El trailer aceleraba su marcha como si fuera conducido por un demente. Estuvo a punto de chocar con un automóvil en la curva pasada. El conductor iba tan tenso que no escuchó el insulto que le hicieron con el claxon. Seguía con la vista fija al frente, sin atreverse a mirar hacia otro lado. Su mano, temblorosa y empapada en sudor, movía torpemente la palanca.

Pero si ya me lo habían advertido. Que aunque no quieras, aunque no te detengas se te suben en esta ruta. Yo sólo me reí. Claro, la gente con poca preparación es supersticiosa. Yo soy un profesionista, dije, tengo una carrera. Estoy aquí sólo por necesidad, porque no he podido encontrar el trabajo que me corresponde; yo no creo en lo que ustedes creen, yo soy una persona preparada. Pero, ¿quién diablos iba a pensar que a mí…? “Clap, clap, clap” ¡Oh! ¡Ya cállate! No voy a poder soportar más ese maldito ruido. “Clap, clap, clap.” ¡Cállate, por favor!

El hombre sabía que sus súplicas eran en vano: ella no podía escucharlo. Las llantas del trailer derraparon peligrosamente al dar vuelta en la siguiente curva. Más adelante, en medio de la oscuridad y de la lluvia, se alcanzaron a ver luces de colores.

¡La cafetería! Lo logré. Siento que estoy desfalleciendo, pero tengo que sacar fuerzas. Ahora, estacionaré el trailer, abriré la puerta sin mirar atrás, y correré lo más rápido que pueda hacia la cafetería donde está la gente. No creo soportar más los aplausos de la mujer sin cabeza que está sentada junto a mí.

D.R. Mario Ramírez Monroy, 2006

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