asilo, asilo

asilo, asilo
ESCRIBO POR VENGANZA. ESCRIBO PARA LIBERARME. ESCRIBO PARA DESECHAR TODO LO QUE ME HACE DAÑO. ESCRIBO PARA PENSAR QUE SOY OTRA PERSONA. ESCRIBO POR AMOR. ESCRIBO PARA SOPORTAR LA VIDA.

El verdadero Ace

El verdadero Ace
Un día, las hadas, malévolas y traviesas, hicieron una apuesta con los hombres. Dijeron que si lograban crear historias mejores que la vida de ellas, se transformarían en horribles insectos; de lo contrario, ellos desaparecerían de la faz de la Tierra.

Hoy en día, los hombres siguen deambulando por las calles; mientras en los bosques, millones de mariposas revolotean entre los árboles.

Las hadas cumplieron a medias.


Mario Ramírez Monroy


jueves, 17 de enero de 2008

El día en que el Asilo Arkham cerró sus puertas

Ayer cuando pasé por el periférico, cerca de la colonia San Pedro de los Pinos, vino a mi memoria la época en que mi grupo, Arkham, y yo teníamos planeado grabar nuestro primer disco. No es que no hubiera grabado antes: participé en la grabación de varios demos, pero ahora queríamos tener una grabación que se pudiera transferir a CD. Con esto se podría hacer lo siguiente: un video, ya que si no tenías un video, difícilmente te podían promover. Por desgracia, hubo un grave problema desde del principio: Arturo Huizar quiso "echarnos la mano" para dicha grabación.

A mí no me gustó la idea desde el principio, pero, como siempre había sido el aguafiestas del grupo, accedí. El resultado: Huizar se clavó nuestro dinero diciendo que se le había perdido (más bien se lo chupó); en el grupo comenzaron las rencillas lo que ocasionó la disolución de esa gran banda llamada Arkham.


Tal vez, también tuvimos mala suerte y nos tocó una época en que ya no se le hacía caso al
heavy metal, por eso ya estábamos tan desmotivados. Mi vocalista y yo intuimos que, precisamente, por estos años recientes se pondría de nuevo de "moda", pero ya pa´qué.

Con el tiempo, el grupo se volvió a reunir. Yo me reconcilié con Arturo Huizar. Pero ya no fue lo mismo. El grupo ya no era tan ambicioso como lo fue en su primer año. Yo me empecé a enojar otra vez con todos los integrantes y me volví a salir. No me importó porque eran tan güeyes que ninguno recordaba bien las canciones si no estaba yo, así que les resultaba muy complicado llamar a otro guitarrista. Además, yo tenía los derechos del nombre (les había hecho creer que a todos nos correspondía el 25% de derechos, pero yo me quedé con el 100% ;p). En fin.


Si alguien de la generación XXXVII está leyendo esto, sabrá de lo que voy a hablar. El último concierto que tuve con
Arkham fue en Tampico. Un día antes habíamos tocado en San Luis Potosí, y cuando terminamos nos fuimos a la terminal de autobuses. En ese viaje, antes de que subiéramos al autobús, Chucho, mi bajista, se dio cuenta de que había dejado sus cosas en el salón. El pobre tuvo que echarse el viaje con sus botas puestas en lugar de zapatos cómodos. Fue en aquel trayecto (en medio de la incomodidad y sin que nos hubieran dado para los viáticos) cuando decidí dejar para siempre la música. También fue lo que me dio la idea para escribir mi obrita donde hablé de las licras rosas. *^^*

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