asilo, asilo

asilo, asilo
ESCRIBO POR VENGANZA. ESCRIBO PARA LIBERARME. ESCRIBO PARA DESECHAR TODO LO QUE ME HACE DAÑO. ESCRIBO PARA PENSAR QUE SOY OTRA PERSONA. ESCRIBO POR AMOR. ESCRIBO PARA SOPORTAR LA VIDA.

El verdadero Ace

El verdadero Ace
Un día, las hadas, malévolas y traviesas, hicieron una apuesta con los hombres. Dijeron que si lograban crear historias mejores que la vida de ellas, se transformarían en horribles insectos; de lo contrario, ellos desaparecerían de la faz de la Tierra.

Hoy en día, los hombres siguen deambulando por las calles; mientras en los bosques, millones de mariposas revolotean entre los árboles.

Las hadas cumplieron a medias.


Mario Ramírez Monroy


domingo, 20 de septiembre de 2009

Sobre algo que sé pero no sé


Nunca antes me había animado a escribir algo sobre el festival de Avándaro porque en verdad no sé casi nada. Por supuesto que sé que fue el 11 de septiembre de 1971, que todo se organizó en santa paz donde todos los asistentes -creo que más de doscientos mil- convivieron sin ninguna violencia, tan sólo disfrutando de la música; también sé que los medios denigraron el evento calificando a los asistentes como drogadictos y violentos, con lo cual sirvió de pretexto para cerrar las puertas a todos los grupos de rock durante mucho tiempo aquí en México, argumentando que eran un mal ejemplo para la juventud, y por eso sólo podíamos ver y escuchar lo que salía por la radio comercial y la televisión, según ellos algo más adecuado a la buena moral y buenas costumbres. Bah, como si los "artistas" que salían en Televisa (antes Telesistema Mexicano) no fueran alcohólicos y drogadictos.

Me acordé del festival de Avándaro porque el viernes vi un programa en canal 40 que conmemoraba otro aniversario más. A mí me sigue pareciendo que Julia Palacios es una buena historiadora del rock y que además hace buenas críticas y reflexiones. Pero también me pasó algo:

En la esquina de mi casa, hay una panadería donde trabaja un señor que estuvo en Avándaro, él me lo platicó una vez y me dijo que todo fue paz y música, que nunca hubo violencia. Y en la esquina contraria, el dueño de un local de telefonía resultó ser uno de los ex bateristas de Enigma, un grupo de rock de los años setenta; él también estuvo presente en Avandaro, y me dijo cosas parecidas. Y es más: cuando yo tenía trece años, conocí a un grupo en una colonia cercana a la mía. Yo le pedí al guitarrista, de nombre Adrían, que me enseñara algunas cosas; prácticamente él fue mi primer maestro de guitarra. Pero lo interesante es que su cuñado era el tecladista del grupo El Amor, quien también tocó en Avándaro.

Ya no quiero escribir nada más sobre el Festival Rock y Ruedas de Avándaro, porque no quisiera escribir algún error, ya que a cada rato se me salen, y no sería justo. Y esperemos que los medios -como a veces es su santa costumbre- no vuelvan a destruir la reputación de algún evento.

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