asilo, asilo

asilo, asilo
ESCRIBO POR VENGANZA. ESCRIBO PARA LIBERARME. ESCRIBO PARA DESECHAR TODO LO QUE ME HACE DAÑO. ESCRIBO PARA PENSAR QUE SOY OTRA PERSONA. ESCRIBO POR AMOR. ESCRIBO PARA SOPORTAR LA VIDA.

El verdadero Ace

El verdadero Ace
Un día, las hadas, malévolas y traviesas, hicieron una apuesta con los hombres. Dijeron que si lograban crear historias mejores que la vida de ellas, se transformarían en horribles insectos; de lo contrario, ellos desaparecerían de la faz de la Tierra.

Hoy en día, los hombres siguen deambulando por las calles; mientras en los bosques, millones de mariposas revolotean entre los árboles.

Las hadas cumplieron a medias.


Mario Ramírez Monroy


viernes, 19 de enero de 2007

Dos cuentos inconclusos


En el pueblo de Santiago Laberinto es muy fácil perderse entre sus calles. Visto desde el cielo, la avenida principal tiene forma de espiral la cual termina en el centro, a un lado de la iglesia dedicada al santo. En el otro extremo de la calle, cerca del anuncio que da la bienvenida al pueblo, estaba una casa hecha con pedazos de madera muy diferente de las demás; en el dintel, había un letrero con las palabras: El verdadero Templo de Santiago...


La casa de Mildred no debería destacarse del resto de las demás. Cierto que era la más bonita de la calle, la más elegante y la única de tres pisos. A un lado de la antena satelital destacaba una pequeña figura de un dragón dorado al lado de un santo. No era de extrañar siendo una familia mitad japonesa mitad mexicana. Sólo una cosa me desconcertaba siempre que la iba a visitar: la niña del kimono rosa que me sonreía detrás de la ventana del segundo piso: Mildred es hija única...



Los empecé pero no quise terminarlos porque creo que las historias como la vida no deberían tener fin.

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