asilo, asilo

asilo, asilo
ESCRIBO POR VENGANZA. ESCRIBO PARA LIBERARME. ESCRIBO PARA DESECHAR TODO LO QUE ME HACE DAÑO. ESCRIBO PARA PENSAR QUE SOY OTRA PERSONA. ESCRIBO POR AMOR. ESCRIBO PARA SOPORTAR LA VIDA.

El verdadero Ace

El verdadero Ace
Un día, las hadas, malévolas y traviesas, hicieron una apuesta con los hombres. Dijeron que si lograban crear historias mejores que la vida de ellas, se transformarían en horribles insectos; de lo contrario, ellos desaparecerían de la faz de la Tierra.

Hoy en día, los hombres siguen deambulando por las calles; mientras en los bosques, millones de mariposas revolotean entre los árboles.

Las hadas cumplieron a medias.


Mario Ramírez Monroy


viernes, 29 de mayo de 2009

Teléfonos impertinentes, parte 1


Una cosa nos lleva a otra. Mientras disfrutaba de un video de la versión sinfónica de "One Winged Angel", me puse a pensar en varias cosas. En primera, los chavos están tan prendidos que gritan cuando comienza el tema; y también vuelven a gritar como locos cuando empiezan a sonar las voces del coro, y quién no lo haría ante semejante pieza musical.

Esto es formidable. Si uno va a un concierto es porque lo va a disfrutar. Yo no estoy de acuerdo en que la gente se comporte seria en un concierto sinfónico porque eso es lo "correcto", o porque esa es la manera de ser "educado". No sé si todavía, pero cuando asistía a la ópera se hacía un desmadre cuando nos emocionaba alguna interpretación, y todos aplaudíamos a rabiar, y hasta gritábamos.

(Una vez, cuando Luz Angélica Uribe
terminó de cantar el aria de "Olimpia" de Los Cuentos de Hoffman, hace ya muchos ayeres, su interpretación fue tan perfecta que yo me quedé como tonto, sorprendido, y todos en el teatro nos paramos y aplaudimos como demmentes. Recuerdo que un señor, de unos sesenta o setenta años, empezó a gritar: "¡Qué bárbara! ¡Qué bárbara!". Así era el ambiente, la gente se les entregaba. Hace muchísimo tiempo que no voy a la ópera -ya está carísima, y la verdad ya no me gusta como antes-, pero espero que el ambiente y la entrega sigan igual.)

Pero, ¿qué tiene que ver el título de Teléfonos impertinentes? Para no aburrirlos (no pensé que pudiera salir tan largo este gran
post si escribo todo lo que tenía planeado), y para luego continuarlo en otro gran post, tan sólo reiteraré que me gustó la emoción no contenida del público ante una orquesta sinfónica porque fueron a escuchar música que les gusta, y no se sintieron intimidados ante ese escenario. Parecía un concierto de rock.

Y en un concierto de rock, es bien sabido el ambiente que pasa. Buen desmadre, todos gritando, haciendo la sagrada señal de cuernos, aplaudiendo a rabiar, etcétera. En este caso, al contrario, sería una gran falta de respeto para el artista o para el grupo no comportarse así y permanecer serios, sentaditos y sin hacer ruido; eso sería terrible para un grupo. No obstante...


Según yo, creo que, hasta en los conciertos de rock, debe haber algún pequeño momento en que el público se quede callado, embelesado, escuchando una canción tranquila, porque podría ser una falta de respeto interrumpir ese momento al artista. Y con esta introducción, el Gran Arkham continuará después con estos comentarios. Como dije al principio, un tema lleva a otro, y con eso me acordé de un tema del que prometí hablar. Por mientras, disfruten del video.

1 comentario:

El Pipiripau (ikoon) dijo...

Solamente una vez en mi vida he ido a la Ópera, pero tengo algunos discos y a todo volumen es la neta... La música definitivamente provoca emociones y evoca sentimientos; sería antinatural no reaccionar a esos estímulos...

Saludos!